El arte de no dejar problemas: Cómo encontré mi seguro de decesos sin arruinarme

Siempre he sido de los que piensan que hablar de la muerte es atraerla, o al menos, un tema que prefería posponer para cuando las canas fueran mayoría. Sin embargo, tras ver a un amigo cercano lidiar con el caos administrativo y el golpe financiero que supone un entierro sin previsión, entendí que contratar un seguro de decesos no es un acto de pesimismo, sino de amor hacia los que se quedan. Eso sí, tenía claro que no estaba dispuesto a pagar una fortuna mensual por algo que, con suerte, no usaré en décadas.

Mi búsqueda por uno seguros decesos baratos empezó con una premisa simple: comparar es ahorrar. No me conformé con la primera oferta que me envió mi banco (que, por cierto, suelen ser más caras). Me sumergí en el mundo de las primas: la nivelada, la natural y la seminatural. Al principio me sonaba a chino, pero pronto comprendí que si buscaba algo económico a corto plazo siendo joven, la prima natural era tentadora, aunque el precio sube con la edad. Finalmente, opté por una nivelada ajustada; el precio es constante y, a la larga, me evita sorpresas desagradables cuando más vulnerable sea mi economía.

Otro truco que aprendí para abaratar la póliza fue limpiar las coberturas innecesarias. Muchas aseguradoras intentan venderte «packs» que incluyen limpieza dental, testamento online o borrado de vida digital. Son servicios interesantes, pero si lo que buscas es un precio mínimo, hay que ir al grano: servicio fúnebre, traslado y gestión de trámites legales. Al eliminar los «extras» de marketing, la cuota bajó considerablemente.

También descubrí que el código postal influye. No cuesta lo mismo un sepelio en Madrid que en un pueblo de Extremadura. Al ajustar el capital asegurado a la realidad de mi localidad, y no a una media nacional inflada, conseguí reducir unos cuantos euros más al año.

Finalmente, la clave fue la antelación. Contratar ahora, que tengo buena salud y una edad razonable, me permite acceder a tarifas que no volveré a ver. Hoy duermo más tranquilo. Sé que, cuando llegue el momento, mi familia solo tendrá que preocuparse de recordarme, no de buscar facturas o pedir préstamos. He conseguido esa paz mental por menos de lo que me gasto en un par de cafés al mes. Porque, al final, la previsión más barata es la que se hace con cabeza.

¿Cuándo comienzo a pagar un seguro de decesos?

Muchas personas se plantean cuando comenzar a pagar un seguro de decesos adeslas ya que les parece excesivo pasarse toda la vida pagando por un servicio que, si se cumplen las expectativas promedio, acaba saliendo caro. 

Pero hay que tener en cuenta varios factores a la hora de tomar esta decisión. El primero de ellos es que hay cosas que no puedes planificar. Por desgracia, nunca vas a saber cuándo te toca fallecer. Algunos seguros tienen un periodo de carencia que puede abarcar el primer año. Con todo esto, es importante estar cubiertos para que, si ocurre el fallecimiento de forma inesperada, esto no sea un problema añadido para las personas que queremos y quedan atrás.

Otro factor importante es que la mayoría de las compañías cobran un total en función de la edad de la persona. Por tanto, si se comienza a pagar el seguro a una edad temprana, la cuota es muy baja. El capital se va acumulando de forma gradual y prácticamente no se es consciente de estar pagando un seguro de estas características. Por el contrario, si se comienza a pagar un seguro de decesos cuando ya se tiene una edad avanzada, el riesgo es mayor y por tanto, también lo es la cuota a pagar.

En cualquier caso, siempre es buena idea conocer el precio del servicio completo: traslados, tanatorio, caja, flores, esquela, gestiones… De esta forma, se puede realizar el cálculo de si compensa o no contratar el servicio. Algunas personas optan por dejar el dinero reservado para este fin y así queda registrado en sus últimas voluntades, pero se arriesga a que estas no se cumplan por diversos motivos.

Este es el último de los motivos por los que mucha gente contrata un servicio de decesos: para poder decidir cómo quiere que reposen sus restos. Algunas personas no tienen mucho interés en el tema, pero otros desean poder elegir el nicho, la caja e incluso redactan la esquela, dejando todo perfectamente atado para cuando no estén. De esta forma, al contar con un seguro, todo quedará claramente estipulado y pagado, no habiendo problemas para que se lleven a cabo los deseos de la persona titular.

A nadie nos gusta hablar del día que ya no estemos en este mundo, pero dejar las cosas bien hechas ayudará a que quede un mejor recuerdo de nosotros.