Las chimeneas, las de verdad, las que se alimentan con leña, han estado muy denostadas durante largo tiempo. Se les ha acusado de ser sucias y poco eficientes, cuando la realidad es que es la forma más natural de calentar una estancia y, posiblemente, la más agradable. Es cierto que para que una chimenea funcione correctamente es necesario un buen mantenimiento. El tiro tiene que estar bien construido y limpio para que el humo no invada la casa. Pero si todo está como es debido, la sensación de sentarse ante un buen fuego no puede suplirse con nada.
En los últimos años hemos visto un auge de las llamadas chimeneas eléctricas o las de gas. Que no son más que estufas que tienen una pantalla en la que simulan quemar leña con más realismo o menos dependiendo de cada caso. Este tipo de chimeneas son una excelente opción para pisos en los cuales no es posible poner una chimenea de verdad, pero donde pueda haber una ¿quién quiere una imitación? Y no lo decimos nosotros, es que la realidad es la que es y las chimeneas de leña han vuelto con fuerza.
Hoy es posible comprar leña en muchas tiendas de bricolaje en paquetes que pueden valer incluso para una única vez o en sacos de más volumen para tener leña para varias ocasiones. Pero si tienes en dónde almacenarla, lo más barato es acudir a un centro maderero Galicia y comprar leña para todo el invierno. Además, puedes encargarla ya partida y ahorrarte la parte desagradable del trabajo. Algunas personas mezclan con la madera ramas de arbustos aromáticos y consiguen, de esta forma, que además de tener calor su casa se llene de aromas muy agradables que hacen que la casa resulte mucho más acogedora.
Incluso hay sistemas de calefacción que están construidos para ser alimentados por estas chimeneas y que transportan el calor que producen por toda la casa. De esta forma, toda la vivienda se aprovecha del calor del fuego y no solo la habitación en la que se enciende. Una forma de conseguir calor muy natural y muy agradable que te va a gustar porque es mucho más fácil de mantener de lo que imaginas. Además, nada se puede comparar al placer de llegar a casa del frío del exterior y sentarse ante una chimenea con llamas de verdad con un chocolate caliente en las manos.