El acero inoxidable, un material consolidado en el sector del reloj de lujo

Sin desplazar al oro, el paladio o el titanio, el acero inoxidable ha sabido hacerse un sitio en el ‘escaparate’ internacional de los relojes de lujo. Esta aleación de hierro, cromo y carbono despertó un interés masivo a principios del siglo pasado por su durabilidad y resistencia a la corrosión. Desde los años setenta, la industria relojera ha abrazado el acero inoxidable, como demuestran colecciones como patek philippe nautilus, Piaget Polo, Chopard St. Moritz o Vacheron Constantin.

Hoy el acero inoxidable recibe un uso intensivo en industrias como la automotriz, la armamentística o el transporte público, siendo también un material apreciado en la producción de relojes y complementos de lujo. El auge de los steel watches pone de relieve las posibilidades estéticas de esta aleación.

Este metal proporciona un acabado luminoso, pulido y sofisticado a los elementos principales del reloj, como la caja, la correa o la carcasa. Los más utilizados en la fabricación de cronógrafos son el tipo 304, el tipo 316L y el tipo 904L, cada uno de sus atributos particulares. Por ejemplo, la aleación 316L es una elección perfecta cuando se busca la máxima resistencia y solidez.

Que los relojes náuticos y deportivos se fabriquen en esta aleación no es una sorpresa. El acero inoxidable ofrece una tolerancia formidable a la corrosión por H2O. En cambio, la acidez y el oxígeno presentes en el agua causan la oxidación de metales como el aluminio o el cobre.

A las propiedades inoxidables del acero (valga la redundancia) se suman su ductilidad y polivalencia. Es un metal compatible con el desarrollo de piezas diversas, tanto en tamaño como en funcionalidad: desde la carcasa hasta las hebillas, coronas y otros elementos más pequeños.

Además, este tipo de acero es compatible con relojes de diseño liviano y tampoco les restan comodidad. De lo contrario, no estarían tan presente en colecciones deportivas y casuales.