Llegué ayer al supermercado y me encontré con un cambio radical: no encontraba la dichosa cesta con ruedas que suelo usar: nada por aquí, nada por allá, había desaparecido. Cuando pregunté a una de las cajeras me dijeron que ya no había, que habían sido sustituidas por un minicarrito con ruedas. Y yo me pregunto: ¿qué habrá detrás de este cambio?
Nadie da puntada sin hilo y menos en un supermercado. Seguro que todos sabéis que los supermercados se organizan de tal forma que lo productos de primera necesidad siempre estén lo más lejos posible de la puerta de entrada: agua, pan, leche, etc. Y nada más entrar te encuentras con ropa, cosmética, y ofertas más o menos ridículas.
Lo mismo sucede con los carros que están ‘manipulados’ para que tiendan a girar hacia la izquierda para cambiar nuestro rumbo como quien no quiere la cosa (o era a la derecha). De cualquiera manera yo había ido al súper a por mi mantequilla sin lactosa y no quería irme con las manos vacías porque mi querida cesta con ruedas hubiese pasado a mejor vida. Tomé el minicarrito y bueno… tengo que decir que rueda bien y no gira para ningún lado sin que yo se lo requiera. Tiene un buen fondo, no demasiado, y tienes las cosas más cerca de la mano, sin necesidad de agacharte. Tal vez este cambio no sea a peor, después de todo…
Pero los supermercados no cambian solo en eso, ¡qué va! En casi todos los establecimientos se están creando zonas especiales para alérgenos… que muchas veces, eso sí, son difícil de encontrar. Y ahí me fui yo para comprar mi mantequilla sin lactosa. En este mismo espacio que cada vez es más grande (cada vez somos más alérgenos) también encontré unos deliciosos zumos veggie y algunos productos sin gluten. Que yo no soy celiaco, pero oye, si dicen que es mejor comer producto sin gluten yo me apunto a un bombardeo.
Los súper ya no son lo que eran: ahora todo está atado y bien atado e intuyo que el gran fondo del nuevo minicarrito tiene por objetivo que nuestras compras sean un poquitín más amplias, ¿no?